Sep 22

El día del embarque (día 11/09/2006), en el camarote, nos habían dejado indicaciones sobre el restaurante, mesa y turno de cena. Nos había tocado en la mesa número 150 en el restaurante Sinfonía en el turno de las 21:30h.

En esta mesa cenaríamos todas las noches junto con otras tres parejas de recién casados:

  • Los sevillanos: Conchi y José Luis.
  • Los navarros: Eli y Santi.
  • Los de Parla: Mª Carmen y José Antonio.

La primera noche, llegamos Susana y yo muy justos de tiempo (21:30h) y ya estaban todos sentados, con lo que sólo quedaba ocupar nuestros sitios. La disposición de la mesa fue: José Luis, Conchi, Eli, Santi, José Antonio, Mª Carmen, Susana y yo. Una mesa de 8 redonda, con lo cual, yo estaba sentado junto a José Luis.

Después de cada cena, nos quedábamos en uno de los bares tomándo alguna que otra copa hablando de nuestras cosas y haciéndonos amigos. Uno de los días, concretamente el sábado 16/09, puesto que era la cena de gala, bebimos un poquito más de la cuenta. A esto, había que sumarle que ese día había fuerte marejada, así que no sabemos si las eses eran por la bebida o por el barco ;-).

Quizá por la forma de ser más abierta, nos hicimos más amigos de los sevillanos: muy muy majos. Con ellos nos reímos muchísimo e hicimos varias excursiones juntos: la de Lindos y la de Dubrovnik; así como, el día de navegación, lo pasamos prácticamente todo el día juntos.

Además, ellos fueron quienes nos pusieron el mote de “Las marmotillas” ;-) . Como no habíamos descansado después de la boda, prácticamente todos los días nos echábamos la siesta (sin pensar mal, eh????!!!!).

Sep 22

El sábado día 9 de septiembre de 2006, Susana y yo celebramos nuestra unión matrimonial en la Parroquia de la “Santa Cruz” en Azuqueca de Henares (Guadalajara), celebrando posteriormente el banquete con nuestra familia y amigos en los Salones La Hacienda, en Los Santos de la Humosa (Madrid). 

Nuestros invitados no eran muchos, únicamente los que queríamos que realmente estuvieran con nosotros en ese día tan especial. Eso nos permitió poder dedicarles tiempo a todos ellos.

La ceremonia eclesiástica estuvo muy bien e incluso tuvo algunos momentos especiales, como éstos:

  • Los anillos estaban atados en el cojín y a mí me costó quitarlos (de hecho, rompí uno de los hilos).
  • Cuando fui a poner el anillo a Susana, éste no entraba y tuve que dejárselo en la primera falange del dedo.
  • Después de la entrega de los anillos, mi sobrino Ismael traía las arras en una bandeja. El pobre estaba muy nervioso y, después de decirle cómo venir (tal y como habíamos ensayado), no hubo mayor problema.
  • Mientras el sacerdote nos daba la comunión, como llevaba el cuerpo (las hostias consagradas) y la sangre (el vino) en una mano y nos lo daba con la otra, al dárnosla iba tirando las hostias al suelo (con la manga) y luego las volvía a poner en el plato para posteriormente darlas a quien correspondiera.

Después de la ceremonia religiosa, todos nos fuimos a los salones, los invitados pasaron al cóctel y nosotros estuvimos con los fotógrafos haciéndonos las fotos.

Durante la celebración del banquete, también hubo algún que otro momento especial, como:

  • Era el cumpleaños de Esther, prima de Susana, y le llevamos una rosa y una vela para cantarle el cumpleaños feliz. Fue gracioso ir viendo cómo los camareros le iban poniendo y quitando el postre hasta que le entregamos la rosa.
  • El baile: No salió como esperábamos. La verdad es que mi obsesión por bailarlo de una forma diferente hizo que saliera algo raro y no muy natural.